Otoño 2010 - Nº 78

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Lourdes Oñederra: "La escritura es una constante en mi vida"

Texto y fotos: Arantzazu Fernández Iglesias

Lourdes Oñederra
Lourdes Oñederra es la última académica de número nombrada por Euskaltzaindia. Profesora de la Universidad del País Vasco, donde enseña Fonología, esta donostiarra de nacimiento, viajó hasta Iowa para estudiar un master en Lingüística después de licenciarse en Filología Hispánica y desde entonces ha dedicado muchas horas a la Fonología. Fruto de esa dedicación son su doctorado bajo la dirección de Mitxelena -con una tesis dedicada a la palatalización vasca-, sus clases en la Universidad, sus investigaciones y publicaciones. Es autora del libro “Fonetika eta Fonologia hitzez hitz” (2004), aunque muchas más personas la conocen por ser la novelista que escribió “Eta sugeari emakumeari esan zion” (traduc: Y la serpiente dijo a la mujer).

 Lourdes Oñederra es una persona que habla con una seriedad y cortesía evidente. Así, al preguntarle en qué consisten sus investigaciones en el campo de la Fonología se esfuerza por contestar con paciencia, intentando encontrar la manera más accesible de explicarlo: “Trabajo fundamentalmente a nivel teórico, pero estamos investigando el inventario de los sonidos propios de una lengua, los del euskara en concreto, con la esperanza de que ello nos conduzca a... algún componente del meollo del idioma. Ahora se está investigando si los sonidos tienen una unión fundamental con la tipología de la lengua”.

Además de investigadora en el campo de la Lingüística se le nota que es buena profesora. A la hora de ofrecer sus explicaciones lo hace despacio, de una manera clara y estructurada, porque sabe dónde y qué no se va a entender claramente. “Cuando mencionamos los tipos de lenguas”, prosigue, “la gente entiende que estamos hablando de la estadística aplicada a los sonidos y de la comparación entre lenguas, pero no se trata de eso”. Por ello alarga un poco su explicación:

“Según la teoría de Patricia Donegan y David Stampe, profesores de la Universidad de Hawai, el ritmo sería el marcador del patrón; es muy difícil aislar el ritmo, porque cambia con el tiempo y también en segmentos, pero el fundamento de todo ello son los sonidos, y por eso queremos asirlo por medio de ellos”. Al escuchar el nombre de otra mujer fonóloga aprovechamos para preguntarle por la presencia de las mujeres en el campo de la Fonología. “Ya hace veinticinco años que asisto a congresos y, sí, ha habido un cambio, cada vez hay más mujeres, tenemos una presencia grande en este campo de la Lingüística, pero, es verdad, en general los nombres famosos son de hombres”.

Las mujeres y la pervivencia del euskara

Después de decir esto menciona no sólo a Paticia Donegan sino también a Katarzyna Dziubalska, a Carmen Pensado y a la legorretarra Oroitz Jauregi. De esta última comenta con orgullo que ha sido ganadora del premio Koldo Mitxelena para tesis escritas en euskara y también que ella se la dirigió. “El mundo de la investigación, el mundo de la Lingüística es muy competitivo, y por otro lado el desarrollar una buena investigación exige una dedicación exclusiva. La conversación avanza sobre la utilización del euskara, de su situación de lengua minoritaria y del papel que tenemos las mujeres en su conservación. “Podríamos decir que hay dos posturas a este respecto: hay quien opina que las conservadoras de la trasmisión entre generaciones son las madres, sin embargo han quien piensa que las mujeres tendemos más a hablar erdara por cuestiones de prestigio de la lengua. “No sé”, dice, “no sé qué pensar”, repite, y añade que la respuesta “tal vez la tengan los sociólogos”.

Siguiendo con el tema le recordamos que ella, por ejemplo, ha sido vigilante del euskara en EITB y que es miembro de número de Euskaltzaindia. “En la televisión no es que necesitaran precisamente una fonóloga, habían formado un grupo de trabajo para analizar el euskara que utilizaban y me llamaron. Y vigilante no, era consejera”, aclara, “tal vez me llamaron porque estuve allí presentándoles los trabajos de la comisión de pronunciación. Acaso tuvo que ver algo en ello Miren Azkarate porque ella fue mi antecesora en esa responsabilidad en EITB”. Explica qué tipo de trabajo hacía allí: en ocasiones analizar alguna emisión, otras el trabajo de un presentador/a, pero siempre con el objetivo de adecuar el euskara a sus nuevos usos.

Después de hablar sobre qué hacen los medios de comunicación para salvaguardar la calidad y el estilo vuelve al tema de Euskaltzaindia. Lourdes Oñederra ha sido miembro y responsable de la Comisión de Pronunciación entre los años 1994-1998. Hoy en día la citada comisión ya no existe porque la anterior terminó sus trabajos. “Ahora estoy esperando la aprobación de la propuesta para la formación de una nueva”. Los ojos le brillan un momento. “¡Ah!, todos los miembros de esa comisión seremos mujeres, ahora me doy cuenta”, añade con un punto de alegría. Cuando explica que quieren dedicarse a tareas de difusión se le nota que tiene ganas de empezar; comienza a hablar del euskara batua, de que hay que hacer entender qué es y cuándo hay que utilizarlo, siempre fuera de una perspectiva impositiva; ella es de la opinión de que hay que cuidar el euskara hablado formal.“Quizás lo que nos falta es la mentalidad, la mentalidad de hablar de manera cuidadosa, la que tienen los ingleses y los franceses”, dice, “los franceses estructuran bien su discurso desde la escuela, el carnicero habla de manera elegante, aquí sin embargo, es algo que no se encuentra con frecuencia”.

Estrecha relación con lo literario

Lourdes OñederraEl tiempo avanza y no hemos hablado de literatura. Lourdes Oñederra fue miembro de la revista Oh Euskadi! cuando era alumna en la universidad. Fue entonces cuando escribió un trabajo sobre Ehun Metro para las clases de Txuma Lasagabaster que luego se convirtió en el epílogo del libro; desde entonces ha mantenido una estrecha relación con lo literario. La conversación aborda el tema de la novela que publicó en 1999, Eta sugeari emakumeari esan zion (trad.: Y la serpiente le dijo a la mujer), su primera novela que fue acogida de manera inmejorable tanto por la crítica como por el público. “Siento el libro como si no fuera mío, como si esos comentarios no hubieran tenido que ver conmigo”, afirma, y levantando los brazos explica que “no esperaba nada así”. La crítica al elogiar su estilo mencionó el nombre de la escritora francesa Marguerite Duras y la brillante utilización de la técnica a la hora de hacernos conocer la psicología de la protagonista.

Aprovechamos la oportunidad para hablar de la manera reduccionista en que algunos críticos hombres entienden a los personajes femeninos creados por las mujeres. “Cuando Saizarbitoria, por poner un ejemplo, crea un personaje masculino, no lo toman como el reflejo o el representante de todos los hombres, pero en el caso de mujeres escritoras muchas veces sí”. Ha tenido alguna que otra experiencia en la que en lugar de interrogarle sobre la novela le preguntaban sobre asuntos no-literarios, de una manera que no se utiliza con los hombres. “Quieres ser educada y te sientes muy incómoda, con ganas de marcharte”, comenta. Después de esa novela le han publicado los relatos “Anderson anderearen gutizia” (trad.: El capricho de la señora Anderson) y “Beranduegi” (trad.: Demasiado tarde). Al preguntarle si no tiene ganas de publicar algún otro texto contesta que “en eso ando”, y que la escritura no es algo a lo que recurre de vez en cuando, “es una constante en mi vida”, dice y cuando confirma que tiene algo en el horno confiesa que lo pone en cocción lenta. Hemos comenzado a hablar de la poesía de los sonidos. En el aire las ondas se llevan nuestra despedida: hasta pronto a la dama de las corrientes de agua.

Euskadi, bien común