Invierno 2011 - Nº 79

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Las niñas, el sector más vulnerable ante las crisis económicas globales

Trabajo infantilLa Organización Internacional del Trabajo (OIT) denuncia en un informe que el avance conseguido en favor de la erradicación del trabajo infantil corre el riesgo de sufrir un retroceso ante la crisis económica mundial y que en muchos países las niñas son el sector más vulnerable, ya que sus familias priorizan la educación de los varones y les obligan a ellas a dejar la escuela a edad temprana para que ayuden económicamente en estos hogares. Estima en unos 100 millones el número de niñas afectadas por el trabajo infantil en todo el mundo. Muchas de ellas tienen difícil o ningún acceso a la educación y trabajan en condiciones que ponen en grave peligro su salud, su seguridad y su moralidad.

El informe analiza la diferencia de oportunidades que se concede a los niños y a las niñas en cuanto a la educación en muchas partes del mundo. Fruto de estas desigualdades son las estadísticas mundiales sobre el alfabetismo. Del 16 por ciento de la población mundial que no puede leer o escribir una simple frase, dos de cada tres personas son mujeres. Muchas de las niñas que no pueden acceder a la educación se incorporan a la fuerza de trabajo a muy temprana edad. La discriminación contra las niñas persiste cuando alcanzan la adolescencia y cuando entran en la edad adulta. Una vez en la fuerza de trabajo, las niñas suelen estar empleadas en ocupaciones relativamente mal remuneradas y sufrir distintas formas de discriminación.

La OIT  advierte del impacto que sobre la educación y el trabajo infantil provoca la crisis económica y financiera mundial. “En aquellas culturas en que se atribuye más valor a la educación de los niños que a la de las niñas, en las que una familia pobre tiene que elegir entre educar a un hijo o a una hija, la niña saldrá perdiendo”. Según el informe, es indispensable que la respuesta a la crisis incluya medidas de reordenamiento

de prioridades en el gasto público, de modo que se favorezca a las familias pobres y vulnerables. “Es necesario eliminar el riesgo de que éstas retiren a sus hijas y a sus hijos de las escuelas”.

El estudio elabora un perfil detallado del trabajo infantil de las niñas, siempre menos visible que el de los niños, ya que suele concentrarse en labores agrícolas en pequeña escala, en talleres familiares y, sobre todo, en el trabajo doméstico no remunerado. “Es bien sabido que las niñas empleadas en el trabajo doméstico son con frecuencia objeto de malos tratos e incluso de abusos físicos. Aunque algunos de estos casos salen a luz pública, el hecho que la relación laboral tenga lugar puertas cerradas dentro de un

domicilio privado significa que el maltrato, a menudo, ni se ve ni se denuncia. El problema va más allá del trabajo doméstico. Las niñas que trabajan en muchas otras ocupaciones también tienen poco contacto con otras personas fuera de su entorno laboral inmediato, dando lugar a inquietudes por su seguridad y bienestar. Algunas de las peores formas de trabajo infantil pueden conllevar que se esconda deliberadamente a las niñas del mundo exterior. Las niñas que son objeto de trata con fines de explotación laboral y prostitución, por ejemplo, pueden a veces estar retenidas en cautiverio como auténticas prisioneras”.

 

Unos 53 millones de niñas realizan trabajos peligrosos, identificados como una de las peores formas de trabajo infantil. De esas niñas, 20 millones son menores de 12 años.

La OIT reconoce que es difícil obtener datos fiables sobre la representatividad de las peores formas de trabajo infantil distintas del trabajo peligroso (por ejemplo, la explotación sexual comercial, el trabajo forzoso y en régimen de servidumbre, etcétera), pero asegura que hay estudios específicos sobre la materia que demuestran que la mayor parte de quienes trabajan en estas formas son niñas y adolescentes.

De la encuesta realizada en 16 países, se desprende que un 61% de las niñas económicamente activas de 5 a 14 años de edad, trabajaban en la agricultura. Éste es uno de los tres sectores más peligrosos, en términos del número de muertes, accidentes, enfermedades y dolencias de origen profesional, atribuibles al trabajo en el sector. El trabajo ligero adecuado a la edad de un niño puede tener una faceta positiva, en la medida en que le ayuda a adquirir competencias que pueden resultarle útiles en la edad adulta. Sin embargo, por una serie de factores como la pobreza, la demanda de mano de obra barata y ocasional y el endeudamiento familiar bajo forma de trabajo en servidumbre, muchas niñas y niños acaban desempeñando un trabajo que es claramente peligroso en lugar de tareas ligeras adaptadas a su edad.

En el sector servicios, que incluye a los niños y niñas que se dedican al trabajo doméstico en hogares de terceros, las niñas representan el 30% del total, en comparación con un 9% en la industria.

Trabajo infantil doméstico

La diferencia entre niños y niñas, en términos de su participación en las tareas domésticas no remuneradas es mayor en el África Subsahariana (44%), seguida de América Latina (29%), los países en transición y desarrollados (15%) y Asia y el Pacífico (8%). En términos globales, el porcentaje de niñas de 5 a 14 años que trabajan es de un 15% más elevado que el de los niños.

Mientras que un análisis de las horas en el empleo muestra que los niños y las niñas trabajan aproximadamente el mismo número de horas, las diferencias se hacen mucho más notorias al comparar la intensidad de las tareas domésticas por sexos. En todos los países encuestados, las niñas trabajan más horas por semana que los niños.

La proporción de niñas de 5 a 11 años de edad, que se dedican a las tareas domésticas durante 28 horas a la semana o más, es dos veces más elevada que la de los niños, y casi tres veces más elevada entre los niños y niñas de 15 a 17 años de edad.

 

La OIT observa que en todo el mundo existe el trabajo infantil en hogares ajenos al propio consistente en tareas de limpieza, planchado, cocina, cuidado de otros niños y niñas, etcétera. De este estudio se desprende que la inmensa mayoría de estas tareas  están realizadas por niñas, a pesar de las duras condiciones laborales. “Muchas niñas tienen que trabajar largas jornadas, a veces hasta 15 horas diarias, y estar siempre disponibles. La enorme carga de trabajo y la falta de descanso pueden causarles

serios problemas, y muchas de ellas sufren de estrés y fatiga debido a la falta de sueño. Como el trabajo se lleva a cabo en domicilios privados, las niñas se encuentran bajo el control absoluto del empleador”.

 

Manos hábiles, mentes dóciles

Se estima que a nivel mundial, alrededor del 9%  (casi 20 millones) de los 218 millones de niños y niñas trabajadores están empleados en las manufacturas. Producen una gama de productos que incluye ropa confeccionada, alfombras, juguetes, cerillas, objetos de bronce, balones de fútbol, cohetes y cigarrillos liados a mano. En ocasiones estos productos se fabrican en talleres improvisados en el propio hogar, en los que toda la familia participa en la línea de producción.

 

La OIT denuncia que el propio método de fabricación puede alentar la participación infantil. “Muchas mujeres trabajan como contratistas independientes en el sector del vestido, en el que se les paga a destajo. En tales situaciones, es posible que ejerzan presión en sus hijas para que las ayuden, o para que realicen las tareas domésticas y les permitan así concentrarse en la producción. En ambos casos, el resultado probable es que las niñas dejen de asistir a la escuela”.

También revela que como la inspección laboral es virtualmente inexistente en la producción a domicilio, el trabajo infantil pasa fácilmente desapercibido. “Algunos empresarios prefieren emplear a niños porque son más fáciles de dirigir que los adultos. Consideran a los niños, y en particular a las niñas, más dóciles y más adecuadas para realizar un trabajo tedioso, repetitivo y monótono”.

 

Trabajos forzados

Se calcula que aproximadamente un millón de niños y niñas de entre 5 y 17 años de edad trabajan en minas y canteras en todo el mundo, en una proporción similar para ambos sexos. El estudio refleja que las niñas trabajan en las etapas de extracción, transporte y procesamiento de las minas, al igual que en ocupaciones ligadas a esta actividad, como la venta de comida y suministros a los mineros, y constata que en este sector pueden ser objeto de abusos y de prostitución.

En cuanto a los trabajos forzados infantiles, entendidos como tales los que se realizan bajo amenaza de castigo y que se desempeña involuntariamente por poco o ninguna remuneración, la OIT denuncia que en ciertas regiones del mundo éste es un arreglo común en el sector agrícola, de tal manera que quienes nacen en familias con vínculos de servidumbre tienden a convertirse, a su vez, en niños y niñas trabajadores en régimen de servidumbre. “Con frecuencia, las niñas ingresan a este régimen de trabajo por arreglos de servidumbre por deuda negociados por sus padres o tutores, que piden prestado dinero a través de un contrato con un intermediario. Los empleadores ofrecen adelantos a los varones de las familias, que luego ponen a trabajar a toda la familia. La servidumbre por deuda puede hacer a cualquiera de las hijas de una familia endeudada especialmente vulnerable al abuso y al maltrato”.

Otro de los aspectos que denuncia este informe es la trata y la explotación sexual comercial infantil y juvenil. La OIT estima que al menos 1’8 millones de niños y niñas de todo el mundo son víctimas de explotación sexual comercial o de pornografía y que las niñas constituyen una vasta mayoría de este total.

También recoge la existencia de al menos 250.000 niñas y niños asociados a fuerzas y grupos armados en todo el mundo. “En tiempos de guerra, las niñas y las jóvenes suelen ser objeto de violencia sexual agravada. Se conocen numerosos y horrendos testimonios de niñas raptadas, víctimas de abusos sexuales, sometidas a una violencia extrema, mutiladas y forzadas a vivir en condiciones infrahumanas, a veces como siervas para distracción de la tropa. Estas niñas, inclusive las que se alistan ‘voluntariamente’

en las fuerzas armadas para huir de la pobreza o por interés material, son particularmente vulnerables en situaciones de conflicto. El regreso de estos niños y niñas a sus aldeas tras haber abandonado las fuerzas y grupos armados puede percibirse de modo muy distinto en las localidades. Algunas comunidades pueden rechazar a

las niñas, por el estigma que evoca la violación, la esclavitud sexual y la maternidad de hijos concebidos con combatientes armados o como consecuencia de la violación”. La OIT aconseja que las niñas que han estado asociadas a fuerzas y grupos armados reciban un apoyo especial adecuado.

 

Invertir en las niñas para el futuro

Explotación infantilLa OIT confirma que educar a las niñas es una de las formas más efectivas de luchar contra la pobreza. “Las que han tenido acceso a la enseñanza tienen más probabilidad de ganarse bien la vida más adelante, de casarse más tarde, de tener menos hijos pero más sanos, y de ejercer el poder de decisión en el hogar. Las madres con educación también son más propensas a velar porque sus propios hijos estudien, contribuyendo así a prevenir el trabajo infantil en el futuro”. Por tanto, el informe concluye que evitar el trabajo infantil entre las niñas y garantizar su derecho a la educación son elementos cruciales de estrategias más amplias para promover el desarrollo.

Apuesta por eliminar los obstáculos existentes para su educación. “Para las niñas, la distancia desde el hogar y las consecuentes consideraciones de seguridad, la falta de instalaciones sanitarias separadas y la escasez de maestras, particularmente a nivel secundario, son factores que pueden conducir a un abandono precoz de la escuela. Eliminar estos obstáculos y proporcionarles una educación de calidad requiere que se asignen recursos financieros adecuados al sector de la enseñanza”.

Otro de los argumentos es que la inversión en la educación y formación de las niñas puede ser primordial para ayudar a romper el ciclo de pobreza y debería ser una prioridad reflejada en los planes y programas de desarrollo. “La prestación de una educación gratuita, obligatoria y de calidad, al menos hasta la edad mínima

de admisión al empleo, es una de las decisiones políticas más transcendentales que un gobierno puede adoptar para luchar contra el trabajo infantil. Reducir los costes indirectos de la educación (uniformes, libros, transporte, alimentos, etc.) es otro medio eficaz de eliminar los obstáculos que, de otro modo, impiden que las familias pobres envíen a sus hijos e hijas a la escuela”.

Finalmente, la OIT recomienda que la respuesta a la crisis debe atribuir una alta prioridad al gasto público que beneficie a las familias pobres y vulnerables. “Es preciso ofrecerles protección para evitar que retiren a sus hijas e hijos de las escuelas, teniendo en cuenta que las niñas corren un riesgo mayor”. 

 

Cifras reveladoras

En los países en desarrollo, la matrícula escolar en la educación secundaria es de 61%  para los niños y de 57% para las niñas.

En los países menos adelantados, las cifras bajan a 32% por ciento para los niños y a 26% para las niñas.

En el mundo en desarrollo hay un gran número de niñas que no tienen acceso a la enseñanza de nivel post-primario.

Euskadi, bien común