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Juguetes, colores y sexismo Artículo de opinión de Oscar Subijana publicado en EL CORREO el 17 de diciembre de 2010

A las puertas de la Navidad florece cada año el negocio de la juguetería infantil. Son miles los catálogos de estos productos que los ciudadanos reciben en sus casas y miles también los mensajes publicitarios que emiten sin cesar las televisiones. Con un único objetivo: lograr que miles de niñas y niños 'obliguen' a sus progenitores a comprar la muñeca que anuncia la TV o el juego de construcción que aparece en las fotografías de alguno de los catálogos antes mencionados.
Hasta aquí todo normal, si no fuera porque año tras año se repite un mismo mensaje insano si queremos educar a nuestras menores en la igualdad y alejarlas de un sexismo nada edificante. Cualquier lector que echara un vistazo a uno de los catálogos de juguetes podría reparar en que bajo el epígrafe de 'muñecas y accesorios' se englobaban hasta 25 páginas de riguroso color rosa en las que solo aparecen niñas y todo tipo de muñecas, carritos de paseo, fregonas, aspiradoras, ajuares de aseo y materiales para el cuidado personal y de otras personas, en su mayoría bebés. Inmediatamente después, otras 24 páginas tituladas 'vehículos y figuras de acción', esta vez de riguroso color azul, en las que únicamente aparecen niños y juguetes de acción, monstruos televisivos en su mayoría, además de helicópteros, camiones y naves espaciales.
Más allá de las piezas concretas de juguetería, lo que debe alertarnos como padres, madres y consumidores es el mensaje sexista con el que estamos construyendo la realidad de niñas y niños. Porque educar a través del ocio a los más pequeños con mensajes dicotómicos y hasta excluyentes no incentiva para nada ni la solidaridad, ni la empatía, ni un sano cambio de roles que derive en una futura convivencia entre personas de distinto sexo. A las niñas se las presenta en el catálogo de juguetes y en los anuncios de televisión como personas pasivas, sin habilidades, subordinadas, dependientes, preocupadas por lo doméstico, pendientes del cuidado de los demás y del suyo propio, potenciando cualidades como la paciencia, la inactividad, la delicadeza. Para dar color a este submundo se utiliza el rosa, reproduciendo de forma reiterada estereotipos sexistas extemporáneos. Para los niños la publicidad infantil nos reserva escenas de acción individual, música con tonos mucho más estridentes, muñecos articulados con rasgos masculinos, juegos de construcción en los que se busca incentivar la creatividad y la participación individual activa. Variación, ruido y velocidad reproducen un mundo en el que se valoran la agresividad, la autonomía, el poder y el liderazgo. Por supuesto, el color es el azul, rememorando esos lazos enormes del mismo tono que se ataban a los lados del carro de paseo allá por los 70.
Todos estos datos fueron expuestos por el profesor J. Bradway en Estados Unidos en 1996 tras estudiar la evolución de los contenidos de los anuncios de las televisiones americanas a lo largo de una década. Una investigación que forma parte de la 'Guía de intervención ante la publicidad sexista' editada por el Instituto de la Mujer en 2008. Las conclusiones de Bradway son ratificadas por otro estudio, ya en el ámbito español, de García Leyva (2003), que determina que la publicidad infantil adolece de una grave «falta de flexibilidad y de reticencia al cambio» porque sigue reproduciendo roles tradicionales masculinos y femeninos. «Las conductas estereotipadas femeninas muestran a la mujer en actividades de cuidadoras, amas de casa, seductoras al servicio de los demás, con profesiones inferiores y subordinadas. A los hombres les atribuyen conductas de autoridad, de poder, de dominancia, con una fuerte competitividad, de personajes con dinero y prestigio».
La preocupación de la sociedad vasca por transmitir valores basados en la igualdad entre nuestras niñas y niños choca con este tipo de argumentos sexistas que, al contar con la inestimable ayuda de los medios de comunicación, consiguen transmitir justo el mensaje contrario que se pretende. Cuando en los planes de Igualdad se habla de prevención y sensibilización se hace referencia a la necesidad de trabajar con esas generaciones que en 20 años terminarán tomando las principales decisiones de nuestra sociedad a todos los niveles. Ahora, cuando tienen menos de 10 ó 12 años, es el momento de hacerles entender que una niña no nace predestinada a tener hijos, a manejar una fregona o a cocinar todos los días y para toda la familia. Y los niños no tienen porqué verse obligados a competir con sus compañeros en el patio del colegio o a exprimir al máximo su agresividad con un muñeco de los Power Rangers.
La prevención de comportamientos sexistas comienza en casa. Y la Navidad es un inmejorable momento para que madres y padres se pregunten si los regalos que les piden sus hijos e hijas son los más adecuados para su educación. Ya sabemos que es muy difícil abstraerse del fenómeno publicitario que todo lo toca, pero hay que intentarlo. Y si no tienen la fuerza suficiente, pacten con los tíos y tías para que le regalen a Sarai una nave espacial y a Gorka un precioso peluche. Seguro que, con el tiempo, se lo agradecen.

Euskadi, auzolana