Primavera 2011 - Nº 80

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Los Objetivos de Desarrollo del Milenio no se alcanzarán sin la justicia de género

Recogiendo arroz“Hasta que las mujeres y las niñas no se hayan liberado de la pobreza y la injusticia, todos nuestros objetivos  -paz, seguridad y desarrollo sostenible- estarán amenazados”. Esta es una de las conclusiones a las que ha llegado el Fondo de Desarrollo de las Naciones Unidas para la Mujer, UNIFEM, en su informe titulado “Justicia de género: clave para alcanzar los objetivos de desarrollo del milenio”. En él analiza el acceso de las mujeres a un mundo más justo y destaca las áreas principales que hay que atender para avanzar en el logro de los ocho ODM (Objetivos de Desarrollo del Milenio), una promesa hecha por los gobiernos de 189 países de alcanzar la justicia social para todas las personas con fecha límite en 2015.

Los ocho ODM (Objetivos de Desarrollo del Milenio) que se recogen en la Cumbre del Milenio y que deberían alcanzarse como máximo dentro de cuatro años son: erradicar la pobreza extrema y el hambre, lograr la enseñanza primaria universal, promover la igualdad de género y el empoderamiento de la mujer, reducir la mortalidad infantil, mejorar la salud materna, combatir el VHI/SIDA, la malaria y otras enfermedades, garantizar la sostenibilidad del medio ambiente y fomentar una alianza mundial para el desarrollo.

UNIFEM, en la introducción de su informe, reconoce que ha habido considerables progresos generales desde la Cumbre del Milenio del año 2000 en varias de estas metas, pero también advierte de que estos avances han sido más lentos en las dimensiones de la igualdad de género, desde la mejora de la salud materna y el acceso a un trabajo decente hasta la erradicación del hambre. Anticipa que el motivo de esta lentitud en el cambio radica en la discriminación contra las mujeres, muchas veces invisible o desatendida pero igualmente presente.

Este trabajo parte de la premisa de que la discriminación es una violación a los derechos humanos que impide progresar para alcanzar la justicia social tanto en los países desarrollados como en los que están en vías de desarrollo. Además, observa que los ODM son interdependientes, y cada uno de ellos depende de que se hagan progresos en materia de igualdad de género, por lo que aumentar las inversiones y las acciones en la dimensión de la igualdad de género de todos los objetivos tiene la doble ventaja de atender la desigualdad generalizada y de acelerar el progreso en general.

Mejoras con freno
La erradicación de la pobreza y el hambre, la educación universal, la reducción de la mortalidad materna e infantil, el acceso universal a la salud reproductiva, la detención de la propagación del VIH/SIDA y la mejora del agua son objetivos que requieren servicios públicos apropiados y accesibles a todas las personas. El informe recoge que el suministro de estos servicios se ha ampliado, pero todavía existen brechas de género.

Como ejemplo, se detiene en el ámbito de la educación y señala que en 1999 tuvieron acceso a la enseñanza primaria 91 niñas por cada 100 niños y que en 2008 la distancia se acortó, ya que 96 niñas pudieron matricularse por cada 100 niños. A pesar de este avance, 37 millones de niñas no asistieron a la escuela primaria en 2008 frente a 32 millones de varones. La situación en el nivel de enseñanza secundaria también ha mejorado: se ha pasado de 76 niñas por cada 100 niños en 1991 a 95 niñas por cada 100 niños en 2008. Pero UNIFEM denuncia que la paridad entre los géneros en la matriculación en la escuela secundaria se consiguió solo en 17 de los 40 países estudiados.

En cuanto a la sanidad, las muertes maternas a nivel mundial han disminuido en menos de un 2% anual desde 1990, aunque se necesita una reducción del 5’5% para lograr la meta de rebajar en tres cuartos las cifras de mortalidad materna para 2015. Estima que una de cada tres muertes de madres se podrían evitar si las mujeres que quieren anticonceptivos tuviesen acceso a ellos. Además de las muertes, más de 300 millones de mujeres en el mundo sufren problemas de salud a largo plazo e invalidez debidos a complicaciones en el embarazo o en el parto.

El informe analiza que la falta de atención a la planificación familiar sigue siendo alta y que las mujeres pobres, sin educación, que viven en zonas rurales, y las jóvenes son las más perjudicadas. También observa que en las regiones en desarrollo, el 53% de las personas que vivían con VIH en 2008 eran mujeres. Además, las mujeres representan un 58% de la población infectada por este virus en África subsahariana (la proporción más alta del mundo), aunque los últimos datos obtenidos muestran que la prevalencia entre las mujeres jóvenes ha disminuido considerablemente en algunos de los países más afectados. Sin embargo, en la Comunidad de Estados Independientes (CEI), en Asia Meridional, en América Latina y el Caribe y en África del Norte, la proporción de mujeres de entre quienes viven con VIH ha aumentado desde 2002.

UNIFEM denuncia que la desigualdad en el acceso a los servicios, tanto entre mujeres y hombres como entre los distintos grupos de mujeres, está frenando el progreso para alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio, principalmente en lo relativo a la educación y a la salud. También pone de manifiesto que la interacción entre la pobreza, el género y el lugar de residencia crea generalmente desventajas dobles y triples.

educaciónLos beneficios de la educación de las madres
El estudio establece que a mayor escolarización de las madres se dan menores índices de mortalidad infantil, con un efecto particularmente acentuado en el caso de las mujeres con educación secundaria. Ésta permite también lograr otros derechos, como un aumento de salarios entre un 10 y un 20% más altos.

Indica que la eliminación de los costos por matriculación y la introducción de incentivos en efectivo son dos enfoques que han tenido éxito para permitir que las niñas pobres tengan acceso a la educación. Además, atribuye el hecho de que las niñas no se matriculen o no terminen la escuela a la violencia que sufren muchas veces en la propia escuela y en el camino a los centros docentes. Para paliar este problema, UNIFEM recomienda la presencia de maestras y la creación de entornos escolares más seguros.

Cuando las mujeres tienen el control de la tierra
El análisis de UNIFEM confirma que cuando las mujeres tienen control sobre la tierra, tienen una mayor seguridad de medios de vida y de acceso a otros recursos, entre ellos, el crédito y otros productos financieros, las semillas y los servicios de extensión. Afirma también que cuando las mujeres tienen ingresos propios, tienen una voz importante en la toma de decisiones de la familia y están menos expuestas a la violencia doméstica. “Sin embargo, tanto el trabajo decente como el control de la tierra se les sigue negando a muchas mujeres”.

Especifica que es la división del trabajo según el sexo dentro de las familias -que asigna a las mujeres la mayor parte de las tareas domésticas y de las responsabilidades familiares- el mayor impedimento para el acceso de las mujeres a un trabajo decente y para la productividad agrícola.

Las mujeres son mayoría en la agricultura a pequeña escala y tienen una función crucial en materia de seguridad alimentaria en los países en desarrollo. Sin embargo, los servicios de extensión agrícola están dirigidos en su gran mayoría a los terratenientes hombres. Cita las estadísticas de la OCDE que muestran que de los 18’4 millones de dólares que se invirtieron en ayuda a la agricultura entre 2002 y 2008 solo el 5’6% tuvo una consideración de género.

pobrezaAcceso a  un trabajo decente
Según recoge el informe, en el mundo las mujeres constituyen el 41% de los empleos totales en el sector no agrícola, pero en Asia meridional y occidental y en África del Norte el empleo de las mujeres fuera de la agricultura sigue siendo extremadamente limitado: las mujeres suponen solo la quinta parte de los empleos en la industria y el sector servicios.

Más de la mitad de las mujeres del mundo (53%) trabaja en empleos vulnerables como trabajadoras domésticas sin remuneración y trabajadoras por cuenta propia, empleos que no tienen ni seguro ni beneficios. En Asia meridional y en África subsahariana, más del 80% de las trabajadoras tiene este tipo de empleo.

Otras estadísticas que baraja UNIFEM son las relativas a las diferencias salariales entre mujeres y hombres por el mismo trabajo. En la mayoría de los países, las mujeres ganan entre el 70 y el 90% de los salarios de los hombres, y las cifras son aún inferiores en algunos países latinoamericanos. Reconoce que a nivel mundial ha habido un estrechamiento lento pero continuado en la brecha de género en relación a las remuneraciones, pero también indica que desde el comienzo de la crisis económica el progreso se ha hecho más lento, y en Estados Unidos y en el Reino Unido la brecha se ha incrementado. En cuanto al porcentaje de mujeres en puestos superiores, dice que es “bajo”, ya que no supera el 15% en ninguna región.

Sugiere que es preciso encontrar modos de medir el tipo, el alcance y la distribución del trabajo no remunerado, en particular el del cuidado de personas a cargo y el del trabajo no remunerado en empresas familiares, y evaluarlo cuantitativamente para que pueda ser incluido en cuentas que sean consistentes con las cuentas nacionales básicas, según lo recomendado en la Plataforma para la Acción de Pekín.

Lejos de la paridad en la vida pública
También en puestos de liderazgo se está lejos de la paridad y UNIFEM afirma que los ODM no se pueden sostener a largo plazo sin que haya un aumento importante en la representación de las mujeres en la vida pública. “Cuando las mujeres hacen oír sus voces, las políticas reflejan mejor sus vidas. Cuando siguen estando mal representadas, los intereses de las mujeres son ignorados constantemente”.  Un ejemplo de esta última afirmación es que en una muestra de 300 acuerdos de paz en 45 conflictos desde el fin de la Guerra Fría, solo 18 incluyen una mención a la violencia sexual y de género.

Otro dato estadístico: Solo existe un 18’6% de mujeres en los parlamentos de todo el mundo, 29 países han alcanzado o sobrepasado el 30% y de ellos por lo menos 24 han usado cuotas. En todo el mundo, las mujeres ocupan el 16% de los puestos ministeriales, de los cuales el 35% se encuentra en los sectores sociales y solo el 19% en las finanzas y el comercio.

Recomienda incluir las cuotas en todas las esferas en que las mujeres están mal representadas y legislar e invertir en programas para retrasar los matrimonios tempranos, ya que éstos “quitan autonomía a las mujeres por el resto de sus vidas y, entre otros impactos dañinos, reducen su autonomía dentro de la familia”.

Tolerancia cero y más fondos contra la violencia hacia las mujeres
UNIFEM analiza también la violencia contra las mujeres y las niñas y afirma que “la justicia de género seguirá sin alcanzarse si no se atiende y erradica este flagelo”. Para ello, recomienda que se adopten planes de acción nacionales multisectoriales, que tengan suficientes fondos para ser implementados, y que incluyan servicios públicos eficaces, por ejemplo, las comisarías de la mujer que se han establecido en 13 países de América Latina, donde se ha acrecentado la visibilidad de este fenómeno y las denuncias han aumentado.

Al mismo tiempo, recomienda mejorar la recopilación de datos sobre la prevalencia de la violencia, así como aumentar la conciencia pública y la movilización social para alcanzar la tolerancia cero y la prevención. Aconseja la atención de la violencia sexual en los conflictos y en el periodo posterior y, finalmente, considera que se deben aumentar los recursos económicos hasta alcanzar la meta de cien millones de dólares anuales como mínimo para 2015 con destino al Fondo Fiduciario de las Naciones Unidas para eliminar la violencia contra las mujeres.

 

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