Primavera 2011 - Nº 80

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Bahiyyih Nakhjavani: El velo representa el fundamentalismo, las interpretaciones limitadas y la supremacía de lo único

Textos: Cristina Mtz. Sacristán
Fotos: Pablo Viñas

Bahiyyih NakhjavaniEs difícil creer la edad que figura en su profuso curriculum. Bahiyyih Nakhjavani (Teherán, 1948) camina con enérgicas y joviales zancadas y se expresa con una voz acariciadora pero de forma contundente. Su visita a Bilbao para presentar su último best-seller, ‘La mujer que leía demasiado’, dejó una estela luminosa, de energía, inteligencia y cosmopolitismo. De reivindicación de un mundo más justo, el que soñó la protagonista de su biografía novelada, Tahirih Qurrutu´l-Ayn, una intrépida y erudita teóloga iraní del siglo XIX que fue asesinada por discrepar y por querer educar a las mujeres de su tiempo.

Fue una best-seller con su primera novela (‘La alforja’) y ésta ya va por la séptima edición en Italia. Felicidades.
Muchas gracias.

Y, además de profesora de literatura, es doctora honoris causa por la Universidad de Lieja.
Sí, hice el doctorado en América. Mi preparación es sobre la literatura de los siglos XVI-XVII y Shakespeare. Amo, adoro la literatura inglesa.

Lo veo, en su forma de expresarse y de escribir.
(Ríe) Sí, tuve que crear un nuevo estilo en este libro. ¿Ves esa alfombra? Tiene muchos ricos detalles. Eso es muy persa. Busqué mostrar eso a través del lenguaje, que se notara esa cultura, a través de todos esos detalles típicamente persas.

Su maleta es una de las más rápidas del mundo, pues nació en Irán, fue criada en Gran Bretaña y Uganda, vivió en Norteamérica…
Los bahá’i estamos diseminados por el mundo. Uno de los principios de la fe bahá’i es que el mundo es un solo país y con una clase de ciudadanos. Este concepto en mi familia ¡lo vivimos! Pero creo que cada vez hay más gente que nace en un país, va a otro, conoce a otra persona en un tercer país y acaban viviendo en un cuarto.

Todos esos cambios habrán enriquecido su escritura y su visión de la vida.
Adoro encontrar diferentes puntos de vista. Y en los libros, especialmente, cuando tienes diferentes ángulos, perspectivas, personajes… eso hace la historia más rica. Escapas de la oposición de pensamientos, de las dicotomías: te das cuenta de que todo es diferente pero también cierto.

De los prejuicios.
Sí, porque los reconoces al instante.
Su protagonista, Tahirih, fue presa en el siglo XIX, pero ¿actualmente puede una mujer vivir como ella lo intentó? Porque fue avanzadísima para aquel tiempo.
Lo interesante es que es contemporánea, hace siglos pocas personas tenían su talento, su fuerza, su forma libre de vivir. Hay muchas formas diferentes de estrangular la libertad en Irán: por ejemplo, en el hogar, las mujeres se visten de forma moderna, se maquillan… pero para salir se ponen el velo. Luego hay unas mujeres visibles y otras ocultas. La mayoría de los estudiantes están buscando el cambio, siendo valientes y poniéndose en situaciones peligrosas. Las mujeres bahá’is en Irán sufren una terrible presión. Recientemente dos han sido presas por tres años.

Ahmadineyad es opresivo con casi todo...
¡Todo el mundo!

Si alguien piensa por sí mismo le parece un peligro.
Algunos bahá’is son considerados herejes. No hay identidades, no hay razas en Irán. Los bahá’is no van a la Universidad. Son los principales cabezas de turco. Las dos mujeres presas habían sido torturadas terriblemente, en cárceles en las que hay un baño para cientos de personas. No pueden lavarse.

Directores de cine, artistas… ¡todos están prisioneros!
Todos los intelectuales están siendo muy oprimidos, intimidados. Les mandan cartas intimidatorias, irrumpen de madrugada en sus casas... A algunos los encierran y otros se ven obligados a escapar.

Pero algo está cambiando en algunos países árabes. O sea, que puede que cambien esos status quo...
Y en Irán también. El guante allí (hace el gesto con la mano) es la religión, y debajo está el poder militar, la dictadura violenta. Hay muchas contradicciones allí, y una gran fragmentación, diferentes voces. No sé adónde va a ir a parar...

La ‘sharia’ está siendo muy regresiva y peligrosa en Nigeria, Sudán, Irán...
La política islamista es una nueva forma de colonización, en África, con enfrentamientos entre musulmanes y cristianos. Eso alcanza todo peligrosamente.

¿Ha resucitado a Tahirih como un símbolo de estas formas de ver la vida?
La he devuelto a la vida, o eso quería, como un símbolo de esperanza. Porque tenía tanto coraje y sus condiciones eran incluso peores en su tiempo –menos posibilidades de educación- y fue ¡tan segura!
Quería hacer un milagro...
Sí, ella creía en el futuro.

Fue valiente y excepcional, una Hipatia, pero ambas lo pagaron con sus vidas.
Tahirih fue estrangulada. Si era una criminal ordinaria tenían un sistema en Teherán: la tiraban desde lo alto de una torre. Si era adúltera, la lapidaban. A una mujer como Tahirih, de clase alta y cuyo crimen era la apostasía, no podían matarla, porque eso quería decir que pensaba por sí misma… pero una mujer no podía pensar, así que tuvieron que buscar otras fórmulas para hacerla morir, como depravarla o acusarla de hereje. Y, al final, la asesinaron secretamente, de noche, lejos de la ciudad.

bHoy en día son lapidadas allí, también.
Por adulterio, sí.

Esas mujeres eruditas fueron incluso más avanzadas que muchas de la actualidad.
No creo que en Irán haya mujeres hoy tan educadas como Tahirih. Se convirtió en algo equivalente a un sacerdote, aunque no podía serlo, porque era mujer, pero tenía la misma educación. Ella estaba decepcionada porque sabía más que los hombres y ellos se quedaban sin argumentos.

Como en la Inquisición.
Era más lista que ellos, lo que los ponía furiosos. Les dijo a los soldados: “Podéis matarme, pero no podéis detener la emancipación de la mujer”. Es asombroso cuando piensas en ello: “Después de mí habrá miles, millones de mujeres, y no vais a poder detener eso”. Estaba tan segura, ¿sabes? Eso era lo que asustaba a la gente: su certeza sobre el futuro.

¿Piensa que la auténtica revolución de la mujer viene de la unión?
Creo que estamos sufriendo una enfermedad en el mundo hoy en día, y la única medicina es la unidad. Desgraciadamente, en el siglo XX empezamos esta enfermedad y tenemos algunas medicinas falsas: colonialismo, no unidad, conformidad –todo el mundo tiene que ser lo mismo-… Son medicinas demenciales. Unidad significa que entendemos que somos diferentes, necesitamos esas diferencias. Eso nos hace más ricos.

Su querido Shakespeare dijo que “el pensamiento es libre”. Y un editor me comentó que “si no se lee no se piensa, y si no se piensa, hay dictadura”.
¡Esa es una de las razones del título del libro! El lenguaje y el pensamiento van de la mano, y leer sostiene ideas (mueve la mano, haciendo ondulaciones). Es la forma de profundizar. Leemos deprisa, superficialmente, no leemos en profundidad, para encontrar nuevos sentidos. Es tiempo de mirar de nuevo a las palabras. Porque el poder del lenguaje es múltiple.

La fast food y la fast life creo que son inventos de Estados Unidos para hacernos consumir más y pensar menos, porque si pensáramos más no necesitaríamos consumir.
 El consumismo es un pilar del totalitarismo. Estoy de acuerdo.

Rechazó el velo y está viviendo en Francia. ¿Qué opina de la polémica acerca del uso de esta prenda?
Hemos tenido una gran polémica allí. Creo que ha interesado crear divisiones. Es una crisis de identidad. Es, no tanto el islam o el velo, como “quiero decir quién soy. Quiero tener una identidad específica”. Con 15 años se están buscando a sí mismas, y usan el velo como una marca, una etiqueta. Tengo estudiantes que lucen sus leotardos y se quejan de que van en el tranvía y las miran por su atuendo, y dicen “Soy libre, visto como quiero”. Yo les digo que esas palabras son aplicables a un velo, también.

Pienso que el peor velo es el que llevamos a veces dentro.
Son velos mentales, psicológicos, el fundamentalismo, las interpretaciones limitadas, tener un solo punto de vista y creer tener la verdad. Ese es el velo. La supremacía de lo único.

La libertad asusta mucho a demasiada gente.
El fundamentalismo es la fe por el miedo. Es por lo que tenemos racismo, nacionalismos… los problemas de este siglo y en los últimos cien años.

Hay algunos velos que las mujeres del llamado primer mundo deberían rechazar, ¿no?
Si no estás con un hombre o no has sido madre, o no te has casado, pueden mirarte como si algo hubiera fallado, o como si fueras lesbiana. Mi hija tiene 38 años y es animadora de cine. Me contaba que en su carrera hay tres arquetipos de mujeres, para progresar: acostarte con el jefe, ser una lesbiana o ser masculina. Ella dice “no quiero ser una prostituta, ni lesbiana o masculina”.

Sólo quiero ser yo, con mis gustos, mis defectos, mis sueños...
Todavía las mujeres no tenemos la libertad para elegir esos roles. En este libro presento la madre, la hermana, la esposa y la hija, los roles tradicionales femeninos. Hay personajes que están en la línea divisoria. Hay que romper las reglas de la sociedad tradicional, el daño psicológico que sufren las mujeres es grande.

Hay que ser valiente para escoger un camino alternativo. ¿Se identifica con Tahirih?
En el caso de Tahirih, no tenía miedo: se enfrentó a situaciones muy duras, y decía “yo sigo adelante”. Era una heroína.

Euskadi, bien común