Entrevista a Ana Agirre Zurutuza, Viceconsejera de Justicia del Gobierno Vasco.

“Es evidente que la construcción de las identidades masculinas en términos de dominación, poder, agresividad, superioridad, tiene una clara incidencia en los delitos violentos”

 

El perfil de la mayor parte de las personas que comete un delito en Euskadi es varón, joven…¿Qué relación crees que existe entre la construcción de las identidades masculinas y la comisión de delitos?

La respuesta a esta pregunta debe ser prudente. Los índices de criminalidad tanto en adultos como en menores señalan porcentajes de un 80% de hombres y un 20% de mujeres en la comisión de delitos, lo que tiene una clara relación con los diferentes roles de género en que estamos socializados mujeres y hombres, por el hecho de pertenecer a un sexo u al otro. No me atrevería a generalizar para todo tipo de delitos pero es evidente que la construcción de las identidades masculinas en términos de dominación, poder, agresividad, superioridad, tiene una clara incidencia en los delitos violentos y, específicamente, en los delitos de violencia contra las mujeres o de género. Ahora bien, también lo es que está aumentando el número de menores infractoras, aunque el tipo de delitos que cometen tiene más que ver con violencia intrafamiliar, hurto, etcétera, y apenas con robo con fuerza, daños o contra la seguridad del tráfico. Este aumento nos produce una especial preocupación sobre la transmisión y el mantenimiento de determinados infravalores en la construcción de la identidad de las chicas, por un lado, y de los chicos, por otro.

Respecto a la violencia de género, ¿Cómo valora los datos y cifras de estos delitos en nuestra sociedad?

En materia de violencia de género me sirven para muy poco las estadísticas. Quiero decir que estar en mejores condiciones que otras sociedades de nuestro entorno no me produce ninguna satisfacción. Es una realidad perversa y persistente que requiere constancia y mucha perseverancia en un cambio cultural que no acaba de producirse, por lo que la educación y la tolerancia cero tienen todavía mucho recorrido.

¿Qué medidas específicas está desarrollando su Departamento en materia de igualdad? ¿Dónde estarían los principales retos para la igualdad de hombres y mujeres en el Departamento de Justicia?

Con independencia de las líneas de trabajo ya iniciadas hace años sobre la formación, la incorporación de la variable sexo en nuestras estadísticas, la inclusión de cláusulas de igualdad en la contratación, etcétera, el reto más importante es que interioricemos que promover la igualdad en la labor del departamento es una exigencia, como lo es la legalidad en nuestra actuación diaria y que no está fuera de nuestro ámbito ni de cada uno de nosotros y de nosotras. La presencia mayoritaria de mujeres en la Administración favorece la idea de que ya está casi todo hecho y creo que es un error.

El año pasado participaste en uno de los cursos del Programa Gizonduz de Emakunde que se organizó desde el Departamento de Justicia del Gobierno vasco ¿Qué destacarías del mismo?

Destacaría especialmente el alto grado de satisfacción de las personas que participaron en el mismo. Espero que este año repitamos la experiencia y vayamos sembrando la idea de ¿y yo qué? ¿Qué tengo que cuestionarme y cambiar en torno a este tema?

¿Qué puede aportar al Departamento de Justicia la formación en materia de género y masculinidades en materia de prevención de la violencia contra las mujeres?

Precisamente sirve para ser conscientes e interiorizar lo necesario que es que nuestras actuaciones en materia de violencia contra las mujeres incorporen el enfoque de género y el de las masculinidades para que sean más justas y más efectivas. Y de lo mucho que queda por hacer y que podemos contribuir a cambiar.

Un tema recurrente con relación a los delitos de violencia de género tiene que ver con las denuncias falsas…aunque según los datos, en este tipo de delitos, serían inferiores a otros. ¿Qué datos maneja el Gobierno Vasco sobre este tema?

Las denuncias falsas hay que contextualizarlas y en esta materia no son especialmente significativas. Esto no significa no darles la importancia que tienen. Constituyen una perversión y un abuso del sistema de garantías contra la violencia de género y cualitativamente generan un daño enorme, como un boomerang, al avance de la igualdad y al esfuerzo común de luchar contra la violencia de género. Hay que desterrarlas y perseguirlas.

En relación a la igualdad queda mucho por cambiar, pero ¿Qué serían más complejos de lograr, los cambios legislativos o los personales?

Siempre los personales y los culturales. Una sociedad necesita mucho tiempo para liberarse de las losas que generación tras generación se han ido transmitiendo por tradición cultural, gestual y actitudinal.

Respecto al futuro ¿Optimista? ¿Pesimista?

Siempre optimista aunque no ingenua. La negatividad paraliza y no construye. Sin algaradas, pero creo que las políticas de igualdad están contribuyendo a construir nuevas identidades, a desterrar viejos valores y, en definitiva, a crear condiciones para generar un cambio cultural a favor de una sociedad más justa e igualitaria.

Euskadi, bien común