Verano 2011 - Nº 81

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La OIT aprueba un convenio para proteger a las personas que realizan un trabajo doméstico en el marco de una relación laboral

La 100ª Conferencia Internacional de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) aprobó el 16 de junio el Convenio 189 sobre el Trabajo Decente para Trabajadoras y Trabajadores Domésticos a través del cual se protegerá a las personas que realizan un trabajo doméstico en el marco de una relación laboral y se les asegurarán los derechos mínimos a la libertad sindical y negociación colectiva, la eliminación de todas las formas de trabajo forzoso u obligatorio, de trabajo infantil y discriminación en el empleo y la ocupación.
El convenio, aprobado por una abrumadora mayoría, coloca a estas personas en la categoría de “trabajadoras” y no de “colaboradoras, criadas, sirvientas ni miembros de la familia”.  Fue aprobado por 396 votos a favor, 16 en contra y 63 abstenciones. Pero al Consejo de Administración de la OIT le ha llevado 70 años esta aprobación. El trabajo doméstico ha constituido una de sus preocupaciones históricas y las negociaciones han complicadas, ya que estaba implicado un sector de trabajadoras y trabajadores excluidos en muchos países de las legislaciones laborales por razones históricas y también culturales. En la reunión de marzo, el Consejo decidió priorizar el tema de las trabajadoras y los trabajadores domésticos en el orden del día de la Conferencia Internacional del Trabajo de 2010, algo que era impensable hace un tiempo.
El convenio acepta que el trabajo doméstico continúa siendo infravalorado e invisible, es desempeñado principalmente por las mujeres y las niñas, en gran parte provenientes de la inmigración o de comunidades desfavorecidas. Se trata de un sector particularmente vulnerable a la discriminación con respecto a las condiciones de empleo y de trabajo, como también a otros abusos de los derechos humanos, se indica en el texto del convenio.
En una estimación basada en datos obtenidos en 117 países, la OIT calculó que se eleva  por lo menos a 53 millones el número de mujeres, niñas y hombres ocupados en el trabajo doméstico en el mundo. Sin embargo, a causa de la forma oculta en que se desarrolla con frecuencia esta actividad, esa cifra puede crecer hasta 100 millones.
El convenio obligará a los Estados que lo ratifiquen, y que aún no incorporaron estas pautas a su legislación, a conceder a las trabajadoras domésticas los derechos a la libertad sindical y de asociación, así como el reconocimiento de la potestad de negociación colectiva. También deberán eliminar todas las formas de trabajo forzoso u obligatorio, la discriminación en materia de empleo y ocupación, y abolir de manera efectiva el trabajo infantil. Los Estados velarán porque las trabajadoras domésticas sean informadas sobre las condiciones de empleo, de preferencia mediante contratos escritos.
El convenio establece que los Estados miembros del tratado están obligados a establecer un mecanismo de inspección del trabajo, con medidas que especifiquen las condiciones en que “se podrá autorizar el acceso al hogar, con el debido respeto a la privacidad”.
Un solo gobierno, el de Swazilandia, votó en contra del proyecto de convenio, mientras que se abstuvieron los de República Checa, El Salvador, Gran Bretaña, Malasia, Panamá, Singapur, Sudán y Tailandia. Junto con el gobierno de Swazilandia, votaron en contra del convenio los representantes de los empleadores de 15 países.

Euskadi, bien común