Otoño 2011 - Nº 82

Sumario
Artículos

SOS Bebés Robados Euskadi: ¿A quién beneficia ocultar la verdad?

Leire Fernández de Labastida y Argiñe López son dos de las 575 personas -la mayoría de ellas mujeres- que se han asociado en Euskadi en torno a una reivindicación: denunciar los casos de apropiaciones indebidas y de adopciones irregulares de bebés que se han registrado entre la década de los 40 y la de los 90. La falta de recursos para investigar y el escaso interés demostrado por las instituciones les ha impulsado a unirse en una federación estatal para aunar esfuerzos y cruzar datos. Quieren llegar al Constitucional y si es preciso al Tribunal de La Haya para que juzgue estos casos como crímenes de lesa humanidad.

“¿Quién iba a desconfiar de una monja o de un médico?”, pregunta Leire Fernández de Labastida cada vez que piensa cómo llegaron a arrebatar a sus propias madres tantos  bebés recién nacidos. “Si había alguna sospecha o duda, quedaba en casa como un tema tabú, enquistado. Por vergüenza o por miedo, nadie se atrevía a contarlo fuera del ámbito familiar”.

Poco a poco estos casos fueron saliendo en los medios informativos, primero aislados y luego con coincidencias que hicieron pensar en que existieron redes bien organizadas. Gipuzkoa tiene un macabro récord, con 303 denuncias. Le sigue Bizkaia con 180, todas ellas admitidas por Fiscalía (dos archivadas provisionalmente por falta de pruebas), y Araba con 70 casos, de los cuales una treintena están denunciados. Estas cifras se incrementan conforme pasan los días y hay un constante goteo de nuevos casos. 

 “En la asociación hay familias que buscan hijas o hijos biológicos y personas adoptadas que quieren saber quién es su madre biológica”, un derecho que está legislado, comenta Leire Fernández de Labastida.

Escuchar y asesorar

“La primera labor de SOS Bebés Robados consiste en escuchar. “Las personas que se deciden a llamarnos cuentan su historia de pe a pa, se confiesan. Después vendrá el momento de prestar asesoramiento en cuestión de papeleo. El procedimiento varía según el territorio. En Araba, desde la asociación se informa sobre dónde tienen que ir a buscar sus documentos, para contrastarlos y ver indicios. Después de la denuncia es la policía judicial la que hace una investigación basándose en esos documentos, y si se los han negado a las familias, los solicitan judicialmente. En Bizkaia y Gipuzkoa es la Fiscalía quien decide si el caso pasa a trámite. En Gipuzkoa hay 147 expedientes en esa fase.

“No todos los casos han sido denunciados, comenta Argiñe López. En muchas ocasiones, al no tener el legajo de aborto, al faltar el historial médico (en algunos historiales no pone nada) y no habiendo registro alguno en el cementerio, no se puede demostrar que se tuvo un hijo o una hija”.

En Gipuzkoa, una de las trabas para seguir adelante con las investigaciones es el acceso a los legajos de abortos anteriores a 1975. Según la versión oficial, se extraviaron cuando el Palacio de Justicia cambió de ubicación. Estos documentos son imprescindibles a la hora de seguir el rastro de un bebé sospechoso de haber sido robado. Si murió antes de las 24 horas de haber nacido no tiene personalidad jurídica y, por tanto, tampoco tiene derecho a ser registrado con un nombre propio, pero en ese documento es donde aparecen los datos de la madre que ha dado a luz. Con la falta de estos certificados se ha encontrado Argiñe, que busca a su hermano nacido el 17 de 1967 en la Residencia Nuestra Señora de Aranzazu de Donostia.

Pero hay más fuentes donde buscar información: los registros que están en poder de la iglesia de las “aguas de socorro” o “fes de bautismo”, ya que antes se bautizaban muchos bebés en los centros médicos. La Asociación ha pedido ayuda a las instituciones políticas, a las autoridades eclesiásticas y a los centros médicos para que entreguen los historiales médicos. Ha conseguido que el vicario general de San Sebastián, Joseba González Zugasti, se comprometa a facilitar el acceso a registros de bautismo y defunción. También ha logrado el compromiso de la presidenta de las Juntas Generales de Gipuzkoa, Lohitzune Txarola, de impulsar una comisión investigadora, y que el alcalde de Donostia, Juan Carlos Izagirre, lleve el tema a un Pleno municipal.

La mayoría de las personas asociadas se ha realizado la prueba de ADN. “Hemos pedido un Banco de Datos a nivel estatal, tal como hicieron en Argentina, pero como no nos lo conceden, cada quien tiene que hacerse la prueba en un laboratorio privado que cuesta 110 euros. De esta forma, la información está centralizada y se pueden cruzar los datos de todas esas personas afectadas”.

En Andalucía es donde el proceso va más rápido porque por órdenes judiciales están pidiendo exhumaciones de cadáveres. Aquí, sin embargo, lo tiene que solicitar la Fiscalía. Se pueden realizar de forma individual pero para que sirva como prueba judicial ha de pedirlo la Fiscalía.

Los focos y las rutas vergonzantes

En Euskadi hubo varios “focos” desde donde se gestionaban estos robos. La clínica de San Cosme y San Damián de Tolosa y el Hospital Aranzazu en Gipuzkoa; en Bizkaia, Cruces y la antigua Maternidad de Santutxu, con su doble vertiente de Maternidad para mujeres asiladas y la Casa de los Expósitos; en Álava, el Antiguo Hospital de Arana. En SOS Bebés Robados de Euskadi han obtenido algunos datos sobrecogedores: entre 1958 y 1966 se registraba en la Casa de Expósitos de Bilbao una media de 75 niños y niñas al año que se iban colocando en familias residentes en otras ciudades. Algunos registros eran fruto de un abandono real, pero en otros casos la procedencia de esos bebés era dudosa. Fue el caso de la madre de Leire, cuya adopción se realizó legalmente, pero quienes la adoptaron desconocían que había sido robada a su madre biológica.

La asociación también tiene constancia de que un destino frecuente de estos niños y niñas era las Canarias y que en Valencia se dan casos de personas adoptadas a las que se les decía que procedían del País Vasco.

TIPOLOGÍAS DETECTADAS
   Madres jóvenes, primerizas, a las que se les decía que el bebé recién nacido había muerto.
   Mujeres con embarazo múltiple a las que se les comunicaba que uno de los bebés había fallecido.
    Madres que ya tenían más hijos o hijas, familias numerosas.
   Mujeres a las que se sedaba antes del parto.

Euskadi, bien común