Invierno 2011 - Nº 79

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Marcela Lagarde: "Los derechos conseguidos por las mujeres siempre están en riesgo"

Marcela Lagarde

La antropóloga y etnóloga mexicana, “feminista a tiempo completo”, como ella se define, participó en los Encuentros que las asociaciones de Bizkaia y Gipuzkoa organizaron en diciembre en torno a los usos del tiempo para la participación sociopolítica. Diputada en su país durante tres años, promovió la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia y del Delito de Feminicidio en el Código Penal Federal. Aunque le han tentado para participar en el Senado, prefiere implicarse en otros proyectos y desde otros frentes, por ejemplo, desde la Red “Mujeres en plural” y desde sus conferencias, artículos y libros.

Marcela Lagarde asegura que la violencia contra las mujeres es uno de los temas que se ha logrado colocar en el ámbito público. “La hemos sacado del secreto, de la vergüenza, de la culpa, y hemos logrado colocarla como un problema de la sociedad”.

Se siente orgullosa al haber contribuido como diputada de su país a que saliera adelante la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia y del Delito de Feminicidio en el Código Penal Federal: “Esta ley la hicimos después de la española y al contrario que ésta, que sólo trata la violencia en las parejas como violencia de género, la mexicana abarca la violencia de pareja, la familiar, la que pueden ejercer grupos comunitarios, la institucional y la feminicida. Distingue cinco tipos de violencia: física, sexual, económica, psicológica y patrimonial que pueden actuar simultáneamente. Donde no está garantizada la democracia ni el desarrollo para todas las personas, la situación de las mujeres es más arriesgada. Hicimos esa ley pensando en generar las condiciones para garantizar la seguridad de las mujeres en el ámbito privado y en el público y para prevenir cualquier circunstancia que conduzca a las mujeres a una situación de riesgo psicológico, sexual, económico, laboral, educativo o en cualquier espacio”.

Marcela Lagarde es optimista y cree que la violencia contra las mujeres “es posible erradicarla”, pero para ello –agrega– hay que exterminar las condiciones que se dan en sociedades que la promueven a través de la educación informal, de la convivencia cotidiana, del ejemplo que es brutal como recurso pedagógico de la violencia y de los medios masivos de comunicación, que tienen un impacto en el mundo entero impresionante”. 

Política desde las organizaciones civiles

Después de la experiencia política de tres años como diputada independiente en las listas del Partido de la Revolución Democrática (PRD), la investigadora prefiere trabajar desde organizaciones civiles con compromisos sociales y comunitarios, que es otra manera de hacer política.

“Esta forma de participación que las mujeres iniciamos hace mucho tiempo, ha sido pensada como la extensión de funciones y roles sociales de las mujeres en torno a satisfacer necesidades comunitarias. Muchas veces estas asociaciones civiles sirven como micrófono de expresión, de denuncia, de exigencia o de llamada de atención al resto de la sociedad en torno a ciertos problemas. Otras, les hacen el trabajo a los gobiernos y hay algunas que entablan relación con los partidos políticos. En el caso de América Latina, existe una figura que se llama “asociación política” –no es un partido político– y muchas mujeres estamos organizadas en nuestros grupos civiles y en estas asociaciones políticas, que tienen una clave importante: hacen diagnóstico de necesidades que deben ser recogidas por los partidos políticos. También están para apoyar a candidatas mujeres de distintos partidos políticos, para fortalecerlas con un frente común de mujeres. No apoyan específicamente a las de un partido frente a otro, sino a todas las que han formado ese frente de diversidad de identidades políticas. A nosotras nos ha dado resultados y nos ha enseñado a trabajar en pluralidad para hacer la agenda que queremos que se impulse en todos los partidos políticos y llegue al Congreso y pueda contar con el consenso fundamental. Hacer una alianza de género, por encima de las camisetas de los partidos políticos, nos ha costado un trabajo enorme pero hemos ido consiguiendo avances, a veces no de personas, sino de temática y agenda. Si cada organización trabaja aislada, si no se articula con otras organizaciones que trabajan el mismo tema, estamos haciendo derroche del tiempo y de los recursos económicos o formativos con los que cuenta cada organización. El tema es complicado porque cada organización tiene una identidad, una trayectoria, unos aportes, valora su prestigio civil y político y le cuesta trabajo asociarse con otras en frentes amplios, sin el protagonismo que se busca como capital político en los espacios políticos”.

Pero, además, Marcela Lagarde forma parte de la Red Mujeres en Plural que ha adquirido una fuerza considerable en México: “El objetivo de esta Red es lograr condiciones equitativas para la participación política de las mujeres, reformar la Constitución para incluir la igualdad sustantiva. Está integrada por mujeres de distintos partidos políticos, dirigentas civiles, de movimientos sociales y mujeres sin partido político, y estamos trabajando para lograr que se apruebe esa legislación con las políticas que la acompañarían. En cada lugar hay que construir el piso para la participación política de las mujeres”.

Confiesa que no hay una receta para el éxito en estas plataformas: “Pienso que no podemos agrupar a todas las mujeres sino a quienes sintonizan políticamente en la propuesta que tenga que ver en el avance de las mujeres y en el tema de la igualdad. Me parece conveniente acercarse a organizaciones mixtas que están trabajando aspectos que nos importan a nosotras: urbanos, de medio ambiente, de democracia… para llevar el discurso feminista y la perspectiva de género a espacios donde no lo tienen. Habría que elegir las más afines y trabajar buscando la sinergia con estas organizaciones. Las plataformas tienen sentido cuando construyen una agenda puntual y no se proponen hacer todo al mismo tiempo, sino avanzar por objetivos concretos que se revisen cuando se acabe el plazo. Si tenemos algo para seguir juntas, adelante; de lo contrario, cada una para su casa”.

Marcela Lagarde

Memoria de género


Para llegar a este punto, considera que es imprescindible tener memoria de género: “El tiempo largo de la historia tiene que estar en el tiempo corto de nuestras vidas. Si no descubrimos el pasado, ese pasado político de las mujeres, estaremos huérfanas, en el sentido que han dicho las clásicas feministas, la orfandad que nos produce a las mujeres ser parte de un género secundario pero que no tiene referentes porque han sido invisibilizados, borrados, omitidos, y nosotras todavía aprendemos una historia patriarcal. Por eso es necesario saber qué tiempo dedicaron otras mujeres a la política, cómo hicieron para participar, qué recursos destinaron a su transmisión a las demás personas para que las apoyaran y para que fueran solidarias”.

La solidaridad con las mujeres –agrega– es muy difícil. “Está bloqueada androcéntrica y patriarcalmente. Se da la solidaridad con pueblos, con grupos en desventaja o excluidos, pero la que cuesta más trabajo es la solidaridad con las mujeres. Un trabajo importante y un nuevo uso del tiempo es que las asociaciones y también las instituciones procuren construir solidaridad social hacia las mujeres, aceptación social, eliminación de androcentrismo y de machismo”.

La defensa de lo adquirido


Los derechos conseguidos de las mujeres  –afirma– siempre están en riesgo y se pueden perder. Por eso, Marcela Lagarde propone que hay que defender “con mucha conciencia y lucidez, todo lo que hemos ganado porque si perdemos esos derechos es la sociedad entera la que sale perjudicada. Es un daño a la convivencia pacífica: si se puede lesionar con esa impunidad a las mujeres, se está ejerciendo la violencia brutal a la luz pública contra ellas”.
 
Su propuesta es “que tengamos una conciencia profunda de que somos mujeres con el derecho a tener derechos, que somos humanas investidas de modernidad. Es desde la modernidad desde donde tenemos que defender esos derechos y ampliarlos y consolidarlos cada vez más”.

La crisis como freno del empoderamiento


“Esta defensa de los derechos y esa necesidad de organizarse hay que incrementarla aún más en momentos como los actuales, en los que se utiliza la crisis económica como una justificación para recortar o suprimir acciones que todavía eran muy incipientes para construir la equidad entre mujeres y hombres, y para lograr el apoyo a las mujeres con el fin de eliminar desigualdades, desventajas, obstáculos y brechas de género. Ya se aduce que hay que recortar y se recorta en programas que tenían como objeto promover el empleo de las mujeres o la salud y se van recortando muchas de estas políticas. Me parece muy importante que nosotras, con conciencia, nos dispongamos para evitar eso, si no nadie lo va a hacer por nosotras y cada una tiene un papel que jugar. Por ejemplo, defender lo que ya se había logrado y estar ahí, cuando se discuten los presupuestos. En México, este año la consigna del movimiento feminista fue ‘ni un peso menos para las mujeres’ y logramos incrementar el presupuesto, aunque las negociaciones iniciales eran difíciles. La eliminación del Ministerio de Igualdad no sólo les afecta a ustedes sino que va a repercutir en muchos países que estamos tratando de construir los mecanismos, los programas. El efecto que tiene una medida así es en cadena”.

El velo de la igualdad


Respecto a la percepción que las nuevas generaciones de mujeres tienen de que no hay desigualdad real y de que las mujeres hemos conseguido todos los derechos, Marcela Lagarde responde que ese fenómeno se ha producido siempre, en todas las generaciones. “Lo que ocurre es que ahora se dan condiciones mucho más favorables, se participa en un mundo bastante más mixto: educación, participación social, deportiva. Todo eso hace confundir la igualdad con mixtura. Pero el feminismo no se enseña en las escuelas. No se estudia la historia de la causa de las mujeres por la igualdad, es una causa borrada. Nos enseñan las batallas, las guerras, pero nunca cómo hemos ido generando derechos o cómo hemos ido planteando las cosas. En edades tempranas y en sociedades desarrolladas, con acceso a la educación y a la alimentación, hay mayores condiciones de igualdad estructurales entre mujeres y hombres pero es un poco más adelante cuando aparecen las desigualdades, no tanto en lo público como en lo privado. El tema es complejo, difícil, pero me parece que tenemos que encontrar los mecanismos de información para la ayuda a las adolescentes. Ellas y muchas de las mujeres tenemos un velo de la igualdad. Creen que están en igualdad y son retadoras y temerarias. ¿Con qué se elimina la temeridad y el reto? Con conciencia de género. Tenemos que extender un manto protector que sea la conciencia de género para todas esas niñas y adolescentes”.

Miedo a utilizar un lenguaje no sexista


En relación a la oposición que la sociedad mantiene a utilizar un lenguaje no sexista, Marcela Lagarde opina : “El uso de un lenguaje incluyente ocasiona malestar político, porque si solo hay un sujeto y de repente viene otro sujeto que reclama su condición de ser, hay que hacerle espacio para que quepan dos. El monopolio de condición de sujeto genera un poder enorme y cuando las mujeres nos colocamos ahí, hay temor de que adquiramos esa condición del sujeto que domina. Cuando nosotras decimos no solo la “a” sino que queremos el poder, se imaginan que queremos el poder de dominar. Y entonces tenemos que explicar que queremos poderes democráticos. Hay muchos miedos sociales. Hay quien se molesta porque hablar en femenino en una cultura que se radicalizó en el uso de un lenguaje sexista implica hacer una reivindicación política. Estás haciendo un acto político de vindicación de eso que se niega, se rechaza”.

“Y hay mujeres que se avergüenzan de hablar en femenino porque han sido educadas en los parámetros del machismo en el lenguaje, luego hablar en femenino es como colocarse en el lado que pierde, en el lado interiorizado, oprimido, y muchas mujeres lo que quieren es estar en el otro lado. Es preciso recorrer un camino lingüístico, porque el lenguaje vindica nuestra existencia plena, reconocidas como mujeres y no subsumidas en lo masculino, en los hombres”.

Euskadi, bien común